simple.

001. no seamos tibios.txt

este es un alegato, especialmente, contra mi mismo. contra algo que en ciertos momentos se me ha reprochado, tanto de forma externa como por mi mismo. esto es un alegato en contra del “extremo-centrismo”, en contra del conformismo y en contra del “ni con unos ni con otros”.

pero primero quiero hacer una serie de aclaraciones para que no se me malinterprete o se me tache de extremista o autoritario.

esto no es un alegato a favor de los radicalismos, de que solo se puede pensar desde los dos extremos del espectro. cabe aclarar que el espectro es muy amplio, hay muchos tonos de grises entre un extremo y el otro de las opiniones, y firmemente creo que todos nos encontramos en un todo de esos grises, y no en el blanco o negro que se nos pinta siempre desde la llamada "conversación pública". no estoy en contra de los pensamientos “extremistas” creo que muchas veces pueden ser necesarios para romper patrones o conductas sociales hegemónicas, pero muchas otras veces estos pensamientos nos llevan a una ceguera ideológica que nos impide ver las cojeras de nuestro razonamiento. probablemente retome este tema en un futuro no muy lejano.

tampoco es un alegato en contra de “el centro”. mantenerse en una posición “centralista” frente a un tema, especialmente cuando no tienes una opinión formada, te puede servir para tomar perspectiva, escuchar toda clase de argumentos y formarte una opinión propia con toda esa amalgama de ideas, pero este tipo de centro no es el sujeto de este texto. ese centro es un estado momentáneo en el que nos paramos a reflexionar, no a ser espectadores.

esto es una crítica a una posición que, como he comentado al principio, yo mismo peco de tener, cada vez menos, durante conversaciones con conocidos. estoy hablando del “no mojarse”, del “no tengo opinión sobre esto”, del “es muy complejo", … a partir de ahora denominaremos a esta posición en este, mi rincón de internet, “el extremo-centrismo”.

el centrismo es un término vago, una especie de cajón de sastre que no tiene unos límites demasiado claros, pero no soy yo el que vaya a definirlo ahora mismo, no me creo con la capacidad de ello. desde León Trotsky a columnistas más conservadores han intentado definirlo con mayor o menor éxito, esas son lecturas mucho más interesantes que la que pueda hacer yo.

al adoptar esta posición, ya sea en temas políticos, familiares o de cualquier índole, estamos votando en blanco, votando a “lo que quiera la mayoría”, estamos negando nuestra voz, estamos apartando nuestras preferencias y dejando que alguien opine en lugar de nosotros. esto no significa que tengamos que opinar de todo y sobre todo, la libertad de opinión no va de eso, esto significa que si alguien te pregunta sobre un tema, debes de tener la suficiente valentía para opinar, ya que si no opinas, si no te haces oír, tu mismo te estás mandando un mensaje, no mereces opinar, tu opinión no cuenta.

y es que cabe destacar que la vida política no se limita a votar cada dos años, la política nos atraviesa de manera tangencial en toda nuestra existencia. comprar, vender, usar un medio de transporte u otro, opinar y no opinar sobre algo,... todo es política, nos guste o no. por lo tanto, que no te guste la política o que rehuyas de ella, es también "extremo-centrista", y de esto he pecado yo especialmente.

hace poco leí una idea1 que voy a parafrasear: la diferencia entre una persona que hace algo creativo y otra que no lo hace no tiene que ver con que sea más o menos creativa, si no en que la primera ha tenido la insensatez de hacerlo y la segunda no. (referencia a el camino del artista - julia cameron) y creo que este argumento se aplica en el tema que nos concierne.

para que nos entendamos, estoy en contra de los “tibios”. por qué ser un tibio hace que no cuestiones, que te conformes con lo que hay por qué es mejor que nada. hace que compres los discursos de los medios, del partido político de tu preferencia o de tu tío en la cena de Nochebuena. ser un tibio nos hace mucho menos críticos, y por qué no decirlo, mucho menos inteligentes. y es que ser “extremo-centrista” no tiene nada que ver con no ser ni de izquierdas ni de derechas, estos sujetos nos encontramos en cualquier punto del espectro. desde las “Charos” a los votantes de Alvise. el "extremo-centrismo" es conformarse con EL modo de ver las cosas, es no tener una opinión propia, es repetir como un loro los argumentos que escuchas sin plantearte que quizás eso no es justamente lo que piensas, o incluso es no repetir ningún discurso o no plantearte tenerlo.

puede ser que alguno de vosotros se esté preguntando: oye pero, ¿y qué pasa con los libre-pensadores? esto también va con ellos.

los libre-pensadores son ese ente que está por encima del bien y del mal, por encima de las ideologías, están por encima de todos y cada uno de nosotros. son mejores que todo esto, nos hablan desde su alto e inalcanzable púlpito para iluminarnos con la verdad. estos seres iluminados por la divinidad, venidos para librarnos de la ideología son lo suficientemente cobardes para convencerse a ellos mismos de que ellos no tienen ideología. porque la ideología no es cosa exclusiva de ser comunista o ser nacional socialista, la ideología es algo propio de cada persona. todos tenemos una ideología, todos tenemos una opinión, todos estamos atravesados por nuestras circunstancias. y venderte como un adalid de la imparcialidad y de la neutralidad, de que simplemente estás en busca de la verdad, no te hace mejor que el resto. te hace igual que cada una de el resto de las personas de este mundo.

los librepensadores se engañan a ellos mismos como se engaña una “Charo”. y curiosamente, estos librepensadores, aunque digan que no, tienen opiniones más extremas que los sujetos contra los que luchan tan fervientemente, esos "borregos" que siguen al rebaño sin rechistar con sus ideas extremistas. y si, el mejor ejemplo de esto es el archiconocido Jordi Wild. no Jordi, por poner en la misma mesa a un terraplanista contra un científico, a Pedro Sánchez contra Feijóo, a Jesucristo contra Mahoma o a Hitler contra Stalin no te vas a convertir en alguien más cercano a la verdad. vas a contribuir a polarizar y a llenar de mierda un debate que, de otras formas, podría ser mucho más constructivo. sobre este tema hay un extenso, extensísimo, vídeo de Mozo Yefímovich que disecciona mejor de lo que podría hacer yo este fenómeno.

no tenemos que tener miedo a que se nos tache de “podemita” o de “facha”, no tenemos que tener miedo de dar nuestra opinión. por que el no tener opinión le viene bien al discurso hegemónico (lo que quiera que sea eso). mantenerse callado, no alzar la voz, consigue que las injusticias no se resuelvan, consigue que las cosas sigan como están. y no nos mintamos, si las cosas siguen como están, quien quiera que tenga el poder de decisión para hacer las cosas hará lo que sus intereses le digan. y probablemente, no nos venga bien a ninguno de nosotros.

un abrazo.

j.a.

  1. El Camino del Artista - Julia Cameron